ArtÃculo sobre un libro, escrito por presos de Fyffes y Gando durante el perÃodo de la guerra civil, rescatado para la memoria antifascista de Canarias.
Los versos de Fyffes
El Centro de la Cultura Popular Canaria publica un volumen inédito, rescatado de los centros canarios de concentración franquistas, con textos de presos de extraordinario valor histórico. Amasados en naves polvorientas. Presos por rebelarse contra el orden franquista. Torturados, testigos mudos de los asesinatos selectivos, enfermos, desnutridos. Una veintena de ellos respondieron con amor y poesÃas, pero sus gritos han tardado 70 años en ser escuchados. DANIEL MILLET | LA LAGUNA Un corazón / ahorcado, / que esté / podrido / segregando / hastÃo. / PÃntalo negro / lleno de mugre / y arrugado / como el mÃo... / un corazón / que tiemble / como el niño / cuando tiene / frÃo.
Este poema, escrito al lado del dibujo de una horca de la que cuelga un corazón de espinas, está firmado con un seudónimo. Los misteriosos Cosme y Emsoc (Cosme al revés) son el mismo hombre, el anarcosindicalista José Perdomo, el preso de los campos de concentración franquistas de Canarias que rescató una antologÃa de poemas y relatos breves que es una joya del patrimonio histórico isleño. Si pintas / corazones / tristes, / pÃntame / un corazón / con espinas / sin gotas / de sangre. Firmado: Cosme.
AntologÃa de Musas cautivas ha logrado por fin la libertad tras 70 años de clandestinidad entre Tenerife, Gran Canaria y Venezuela. El Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC) recibió la primera edición el pasado jueves, packs de dos libros compuestos por un facsÃmil con todas las ilustraciones, poemas y relatos jamás vistos hasta ahora, más un volumen extra con un estudio histórico realizado durante diez años por los historiadores Sergio Millares y Alfredo Mederos. La editorial prevé ponerla a la venta en su librerÃa de La Laguna mañana mismo.
El único poeta vivo de los que escribieron a escondidas aquellos manuscritos es el republicano José Antonio Rial, que con 95 años reside en Caracas. Siete de ellos los pasó en las cárceles canarias de la dictadura, un horror que plasmó también en otras obras como la novela La prisión de Fyffes. "Estos versos de la cárcel puede que tengan el don de ser originales (...) y de expresar el amor o la angustia con transparencia", escribe Rial en el prólogo de AntologÃa de Musas cautivas. "No se olvida el castigo que implica prohibición absoluta, el castigo que condena a no ser, que somete a ser noche, no de las estrellas, sino abismo negro sin fondo, sin mar y sin riberas".
Republicanos, anarquistas, profesores, médicos, humildes progresistas, hasta falangistas disidentes... De entre los miles de encarcelados por el franquismo en los campos de concentración del Lazareto de Gando (Gran Canaria) y Fyffes (Tenerife), algunos se rebelaron contra el hacinamiento, el maltrato, los asesinatos y el terror con pequeñas piezas literarias que escribÃan de cuclillas, en los baños, ocultos en los talleres, en medio de compañeros enfermos o desesperados. Por eso, el poeta tinerfeño, emigrado también a Venezuela, Ricardo GarcÃa de la Rosa resalta en otro prólogo de esta antologÃa: "Estos hombres nuestros, polÃticos-poetas, en medio del dolor apostaron por escribir contra la muerte. La dignidad del vejado, torturado, condenado a la pérdida de todo, defiende asà celosamente el alma desgarrada".
Es curioso, como apunta Sergio Millares, que "las expresiones de protesta contra su situación carcelaria no son muy abundantes, pues el tema principal es la mujer y la nostalgia que los presos sienten hacia ella, ya sea novia, esposa, compañera o madre". De hecho, las primeras letras de estos manuscritos, el único texto que firma el compilador José Perdomo, son nombres de mujer: "Nélida, M.Carmen, MarÃa Luisa, Margarita, MarÃa, Mercedes y otras compañeras...". Una de estas musas fue clave para que estos llantos hayan sobrevivido. En verdad, la historia misma del hallazgo es tan novelesca como las de los propios perseguidos por el fascismo.
Todo ocurrió en 1995, cuando Alfredo Mederos, en aquel entonces jefe de uno de los departamentos de QuÃmica de la Universidad de La Laguna, se encontraba en la Universidad Central de Caracas en el marco de un programa de colaboración cientÃfica. "El jefe del grupo venezolano, Felipe Brito, me comentó que habÃa un profesor que querÃa verme", relató Mederos.
Se trataba de Juan Torres, hijo de la anarcosindicalista palmera Margarita Rocha, esa misma Margarita a la que escribió Perdomo. Ella y las otras mujeres del manuscrito habÃan sido juzgadas en el macroproceso de 1936 contra 61 militantes de la CNT. Margarita se salvó de la pena de muerte, aunque no de una condena a 26 años de cárcel. Durante su estancia en el penal de Las Palmas, recibió de forma clandestina AntologÃa de Musas cautivas. Perdomo confiaba mucho en ella. Ocultó el libro entre las rejas, se lo llevó a Venezuela y cuando murió, su hijo lo descubrió casi por casualidad entre sus pertenencias.
"Desde el mismo instante en que lo tuve en mis manos supe que aquello tenÃa un valor incalculable", recordó Mederos. Las musas podÃan haberse perdido por el camino. Pero gracias a que resistieron, han vuelto a nuestros dÃas como ecos de aquella rebelión secreta de las poesÃas. Versos de amor contra la infamia y la barbarie.
El arte de la rebeldÃa
La presencia en los campos de concentración del franquismo en Canarias de músicos, escritores, profesores y demás destacados intelectuales -con los que el régimen fue especialmente severo- produjo, a pesar de las durÃsimas condiciones de vida, manifestaciones artÃsticas espontáneas entre los reclusos, incluso entre los que apenas tenÃan habilidades. El estudio histórico de AntologÃa de Musas cautivas lo detalla en el caso del Lazareto de Gando y, sobre todo, en el de las naves de empaquetado de plátanos de Santa Cruz de Tenerife que la compañÃa inglesa Fyffes cedió a los fascistas. A medida que la represión fue suavizándose, los presos encontraron mayores posibilidades para escribir, organizar conciertos y hasta hacer lecturas de Marx, Tolstoi y Kropotkin. AntologÃa de Musas cautivas es la única de aquellas obras que se ha hallado y estudiado, según Alfredo Mederos, profesor emérito de QuÃmica de la Universidad de La Laguna, Medalla de Oro al Mérito del Trabajo y ahora historiador. En aquellos presidios horribles se sabe que se escribió una tragicomedia (Las Fallas Vivas) y al menos otro volumen de manuscritos (AntologÃa del Penal). Pero sólo se salvaron las musas.
Margarita
horas antes del fusilamiento. Los historiadores Sergio Millares y Alfredo Mederos, que investigaron AntologÃa de Musas cautivas, encontraron otro tesoro aparte de los poemas y relatos de los recluidos en los campos de concentración franquistas de Gando y Fyffes. Además de recuperar textos e ilustraciones, situar el contexto (serÃan escritos en uno y otro penal entre 1937 y 1940) y hacer una breve biografÃa de los poetas, hallaron una fotografÃa excepcional, publicada en el volumen que ahora saca el Centro de la Cultura Popular Canaria, de la mujer que los conservó en la clandestinidad. Esta foto se tomó el 5 de marzo de 1937, en la noche previa al fusilamiento del que era su novio, Néstor Mendoza. Margarita Rocha, palmera anarcosindicalista que acababa de ser condenada en el juicio contra la CNT a 26 años de cárcel, quiso despedirse de él casándose en aquellos dramáticos momentos. Durante su ir y venir por las cárceles conocerÃa a José Perdomo, quien le pasó Musas cautivas. Ahà escribieron Manuel Acosta (tabaquero palmero anarquista), Luis BenÃtez Inglott (abogado, poeta, dirigió la redacción de La Falange), Francisco Calcines (lÃder anarquista de Las Palmas), Luis Castañeda (gran poeta y escritor palmero que vivió en Puerto de la Cruz), Alfonso Carrillo (maestro socialista de Puerto de la Cruz), Juan DomÃnguez (médico socialista tinerfeño), Carmelo Duarte (periodista, maestro y poeta palmero), Francisco Rossón (funcionario peninsular falangista) o Felo Monzón (pintor grancanario autor de algunas de las ilustraciones). Margarita Rocha pasó seis años en la cárcel. Se fue a Tenerife y luego a Las Palmas, donde conoció al que serÃa su segundo marido, Juan Torres. Tuvieron un hijo y él emigró a Venezuela asaltando un barco en Dakar. Ella se unió junto al niño poco después. Aquel niño fue quien en 1995, a la muerte de su madre, descubrió la AntologÃa de Musas cautivas.
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