CARTA ABIERTA
EL ESPÃ?RITU DE MANRIQUE
Intentar buscar a estas alturas las razones históricas que han llevado a
Canarias al callejón sin salida en el que ahora se encuentra no deja de ser
una labor -amén de ardua y trabajosa- a veces incomprendida y
escasamente valorada; pero no por eso menos necesaria.
CARTA ABIERTA
alberto cañete del toro
42066969
camino el rayo, 47
LA LAGUNA - TENERIFE
EL ESPÃ?RITU DE MANRIQUE
Intentar buscar a estas alturas las razones históricas que han llevado a
Canarias al callejón sin salida en el que ahora se encuentra no deja de ser
una labor -amén de ardua y trabajosa- a veces incomprendida y
escasamente valorada; pero no por eso menos necesaria. Si hacemos un
poco de memoria, llegamos a la década de los 60, donde el desarrollismo
franquista ve en el turismo la piedra filosofal de la economÃa autárquica, la
gallina de los huevos de oro para un régimen ya en â??francaâ?? decadencia.
En efecto, el boom turÃstico inició su monocorde singladura por las islas
que â??salvo honrosas excepciones- cultivó una especial y exclusiva
dedicación a captar foráneos que vinieran a contemplar el â??JardÃn de las
Hespéridesâ?? del Atlántico, olvidando el cuidado que habÃa que depositar en
los bienes naturales que justificaban tales visitas y estancias.
Con el paso de los años, la cosecha de este monocultivo económico fue en
ascenso, creando una especie de nube en la que se entronizó un sector
servicios que experimentó una desmesurada sobredimensión. Ya más
recientemente, el turismo ha ido decreciendo, tanto en calidad como en
cantidad, pero nuestros polÃticos â??los que nos â??gobiernanâ?? y los que están
en ese limbo llamado oposición- siguen preocupados por otros asuntos más
terrenales. No en balde, para ocuparse de éstos han mal atendido a la
propia población autóctona, pisoteando cuando fuera menester el derecho
a disfrutar de su tierra. La especulación urbanÃstica y la nula gestión de
los recursos naturales no han hecho sino ir acelerando una agonÃa
incurable: â??entre todos la mataron y ella sola se murióâ??.
Hormigón, urbanizaciones, diques, autopistas..., han ido reduciendo
nuestros parajes naturales a simples anécdotas biológicas inmersas en un
mar de cemento y aluminio. Las escasas zonas donde la mano del polÃtico o
del empresario desaprensivo no ha llegado aún, se conservan gracias al
tesón de sus pobladores. Zonas como Masca y Taganana, en Tenerife,
aunque desprotegidas por las ayudas oficiales, sobreviven aún puras por
la voluntad de colectivos vecinales, juveniles y ecologistas. Y menos mal
que la administración â??léase autonómica, insular o local- los ha dejado en
paz...; si no fuera asÃ, quizá ya no existirÃan...
Parece mentira pero, después de cuarenta años, el desarrollismo de los 60
sigue vigente y los atentados ecológicos se multiplican como una plaga
imposible de erradicar. Hoy por hoy, el dinero fácil de la especulación del
suelo, las comisiones millonarias, la incapacidad para la población civil de
participar en la toma de decisiones, el clientelismo institucional y â??por qué
no decirlo- la escasa preparación técnica de quienes ostentan cargos de
responsabilidad local, insular y autonómica para dictar normas, acometer
proyectos y tomar decisiones, hacen que la erradicación del peligro
inminente de catástrofe medioambiental sea casi imposible. La única
solución viable es la oposición valiente y decidida de la sociedad en su
conjunto frente a estos desmanes.
Si hacemos un somero repaso a algunas de las ocasiones en las que los
canarios hemos puesto el grito en el cielo frente a los planes auspiciados
por nuestros gobernantes, veremos que no son anécdotas perdidas en un
laberinto de planteamientos polÃticos; muy al contrario, obedecen a un
modus operandi perfectamente entramado y entretejido. Desde Veneguera
y Arinaga en Gran Canaria, pasando por Corralejo y Tindaya en
Fuerteventura o Malpaso en el Hierro, hasta El Rincón y Vilaflor en
Tenerife, todas las acciones polÃticas han obedecido a espurios intereses
económicos ajenos a ese bien común que se han encargado de vocear al
pueblo de Canarias. ¿O qué son, si no, las operaciones de las playas de
Valleseco y Las Teresitas? ¿O las de Montaña Blanca y Famara en
Lanzarote?¿Y el radar de Taborno? ¿Y las torretas de Vilaflor? ¿Y la
incineradora de Arico? ¿Y el parque marÃtimo de Jinámar en Gran Canaria?
¿ Y el istmo de Las Palmas? ¿Y la VÃa de Ronda de La Laguna? ¿Y la
ampliación de la Autopista del Sur de Tenerife? ¿Y la vÃa de Cornisa de
Santa Cruz? ¿Y el MalpaÃs de Güimar? ¿Y...? Eso sin mencionar las
extracciones indiscriminadas de áridos, los vertederos incontrolados, la
limpieza â??cuando no el hundimiento- de barcos frente a nuestras costas,
las piscifactorÃas, la muerte y varado de delfines, tortugas y otras
especies, los parques eólicos ruinosos y sin mantenimiento, etc., etc., etc.
Son muchas y variadas, pero todas responden al mismo esquema:
especulación, dinero fácil, corrupción. Y no hay más. ¿Y les extraña que
un ministro español les ponga las peras al cuarto diciendo verdades como
puños? ¿y qué hacen sus correligionarios en las islas picaporteando a la
puerta del gobierno autonómico? AsÃ, el último capÃtulo de esta macabra
novela es la gran operación del puerto industrial de Granadilla. Es la
primera vez que, previo a la aparición del primer petrolero, el piche ha
enfangado a todos los que defienden esta infraestructura portuaria. De
una parte, los empresarios (constructores, hoteleros, banqueros,
importadores) aunados en las Cámaras de Comercio y las Federaciones
empresariales; sus intereses no dejan de ser los lÃcitos de su propia
actividad, pero adolecen de ética, al secundar posiciones economicistas
neoliberales de difÃcil justificación. De otra parte, la clase polÃtica de
Tenerife, empezando por el propio Ayuntamiento de Granadilla y siguiendo
por las ConsejerÃas Insular y Autonómica de Medio Ambiente, supeditados
todos a los mismos intereses y haciendo oÃdos sordos, no ya a las
recomendaciones públicas y privadas, sino a las propias sentencias
europeas. Todo justifica el mal necesario del Puerto. Qué decir de nuestra
prensa, radio o televisión, secundando â??salvo excepciones- esta misma
estrategia. Por último, la oposición municipal y parlamentaria, que se
muestra tibia a la hora de denunciar los excesos y desenfrenos
urbanÃsticos. Después, todos harán lo mismo que cuando las protestas por
la VÃa de Ronda de La Laguna o por las torres de Vilaflor: jugarán al
engaño y a la doble moral, apoyando en sus despachos lo que después
denuncian asistiendo a las manifestaciones.
Por eso, cuando personas que añaden a un reconocido prestigio personal
y profesional el hecho de que no ganan nada más que su gusto por el
trabajo bien hecho y el deber cumplido, que brindan su tiempo, sus
conocimientos cientÃficos y su dedicación a defender públicamente a
nuestras islas, que tienen el apoyo de instituciones como nuestras
Universidades o las centrales sindicales con mayor implantación en
Canarias, nos llaman a todos a la movilización para evitar un desmán
ecológico, debemos responderles: QUE S�, QUE ESTAMOS CON USTEDES,
QUE SOMOS USTEDES.
Muchos otros ecologistas han quedado en el camino, pero sobre todo en
nuestra memoria colectiva. Quizá el que mejor representa nuestro ideal de
respeto a la naturaleza y al medio ambiente haya sido César Manrique. Fue
considerado y querido por la gente y temido por los gobernantes. Asà pudo
sentar las bases de lo que definimos como desarrollo sostenible. Pero no
fue suficiente su ejemplo y su dedicación. ¡Qué dirÃa hoy, de saber que
cerca de su isla se están preparando extracciones petrolÃferas
PROHIBIDAS por la Unión Europea y consentidas por el Gobierno de
Canarias y el Estado Español!
El reconocimiento debe ir hoy a todos y todas los que componen y
colaboraran con la Asamblea por Tenerife, por su valor, decisión y
amplitud de miras. Ellos, junto a la Coordinadora de El Rincón, Ben-Magec
Ecologistas en Acción, Los Verdes, Atan, Greenpeace, el Colectivo Salvar
Veneguera, el Foro Contra la Incineración, la Plataforma en defensa de la
Playa de Valleseco, el colectivo Toda la Isla es Vilaflor y muchos más, son
los herederos del espÃritu de Manrique.
La defensa de todos nuestros rincones es una obligación que debemos
tener voluntariamente impuesta. Si queremos tener un futuro, si deseamos
que nuestros hijos y nietos disfruten de lo que nosotros hemos disfrutado,
si anhelamos que nuestras islas sigan siendo un pequeño oasis de vida
animal y de vegetación autóctona, si creemos que el desarrollo sostenible
no sólo es posible, sino que es inevitable, nos queda la opción de
movilizarnos todos y decirles a la cara y sin titubeos: YA ESTÃ? BIEN.
alberto cañete
Comments
Re: CARTA ABIERTA - El EspÃritu de Manrique
Gracias Alberto, Gracias César....
Re: CARTA ABIERTA - El EspÃritu de Manrique
¡Ecologistas somos todos/as! ( O casi todos)
Re: CARTA ABIERTA - El EspÃritu de Manrique